Evolución de la Semana Santa linarense

En Andalucía se encuentra Linares; la milenaria ciudad con su origen en la romana Cástulo, es hoy una moderna urbe donde destaca la industria automovilística. Cuando llega la primavera muestra una peculiar e inconfundible Semana Santa. El movimiento cofrade linarense hunde sus raíces en el siglo XVI, participando con igual intensidad y fervor en la fundación de hermandades codo a codo con importantes poblaciones como Sevilla, Valladolid, Málaga, Ubeda, Baeza… coincidiendo casi con su acta de segregación mediante la cual, Linares quedó como villa independiente de Baeza, el 17 de agosto de 1566. Alejado el peligro de frontera de las postrimerías del siglo XV, conseguida la independencia, los vecinos deciden organizar no sólo el espacio físico y el socioecónomico, sino también sacralizar ese espacio y organizarlo. La parroquia de Santa María será el punto central de toda la vida religiosa de la época.

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Junto a ella, las ermitas y humilladeros que ha estudiado D. José María Carrascosa, y la ayuda de las órdenes religiosas establecidas en el convento de San Francisco y San Juan de la Penitencia han sido decisivos. Los frailes franciscanos y las dominicas, más cercanos al pueblo que el estamento eclesiástico adscrito a la parroquia, serán los padrinos de excepción del nacimiento de las cofradías linarenses, independientemente de que, años antes, como ha demostrado Domínguez Cubero, existiera una cofradía, o asociación de fieles, con el nombre de “La Preciosa Sangre de Cristo”. Se conservan pruebas documentales de que en 1545 esta Cofradía encargó un crucificado al imaginero Juan de Reolid, y de que en 1552 la de “La Quinta Angustia” encargó una imagen de la Virgen con su hijo yacente en brazos.

También conocemos, gracias a los estudios de Sagrista, y Sánchez Caballero, la organización de las escuadras con sus imágenes, mediante las cuales, los franciscanos, evangelizaban al pueblo. La ausencia de los frailes, los deseos de control por parte del clero diocesano que había advertido cómo este tipo de manifestaciones populares concitaban el interés del pueblo, y la lenta integración de la nobleza a lo largo de los siglos siguientes, hará que las cofradías se conviertan en instrumento de poder tanto religioso como civil, corriendo la misma suerte que otras tantas instituciones religiosas, surgidas en estos años de florecimiento religioso paralelo a la celebración del Concilio de Trento.

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Cuando en febrero de 1777 Carlos III publica la Real Cédula referente a la Semana Santa española, Linares atraviesa una relativa prosperidad con el laboreo de sus minas, contrapunto de la expropiación forzosa de su término municipal con motivo de la fundación de las nuevas colonias de Sierra Morena; y en cuanto a la vida religiosa y tradiciones de sus moradores, las cofradías gozan de gran esplendor. Tal era su esplendor en este siglo XVIII, que el propio Pablo de Olavide, promotor y autor de la segregación de nuestro término, hizo de la Villa de Linares, según afirma el historiador Ramírez «una de las poblaciones que con más gusto solía visitar y muy especialmente en los días de Semana Santa a cuyas procesiones era muy aficionado…»

Los últimos años del siglo XIX y primeros del XX traerán un aire nuevo a las cofradías que, alrededor de 1800 y 1850, habían quedado en el ostracismo, alejadas del pueblo y en manos de oligarquías, como demuestran los muchos pleitos obrantes en los archivos para conseguir prebendas y dignidades. Linares va creciendo, consigue el título de ciudad en 1871 y el filón minero hará que esta ciudad se convierta en imán de buscadores de fortuna. El trasiego económico, comercial, laboral y social hace que en la ciudad tomen cuerpo las ideas liberales en pugna con el conservadurismo de la época. La iglesia ha de fijarse nuevos retos. Si en el siglo XVIII fue perdiendo a los intelectuales, veía como en el XIX podía perder a los obreros.

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Nuevos bríos cofrades apoyan la labor evangelizadora de los sacerdotes de Santa María y de la recién creada parroquia de San Francisco. Se reorganizan cofradías, se fundan otras, se ponen al día los estatutos, se invita a todas las clases sociales a participar. En el barrio de Cantarranas, a comienzos del siglo XX se crea una ayuda de parroquia bajo la advocación de San José. La década de los años veinte también será propicia para este resurgir. La Semana Santa linarense tuvo durante los años 1929, 1930 y 1931 un destacamento de los Húsares de la Princesa, llenando los desfiles procesionales con su participación. No hay nada más que echar un ojo a la prensa de la época para ver cómo las cofradías vuelven al alma del pueblo de donde surgieron y se convierten en instrumento evangelizador.

A pesar del dudoso tiempo que hizo el Viernes Santo, 11 de abril de 1930, la Hermandad del Santo Entierro y la Agrupación de Cofradías organizaron una espectacular Procesión General que aumentó tremendamente el ya brillante prestigio de nuestra Semana de Pasión, hecho que se vio reflejado en numerosas crónicas periodísticas de Andalucía. Se colocaron sillas en el Paseo y en las calles más céntricas y el itinerario fue el siguiente: Plaza de San Francisco, Peral, Cervantes, Julio Burell, Santa Margarita, lateral derecho del Paseo de Linarejos dando la vuelta por el kiosko de la música, lateral izquierdo del Paseo, Salmerón, Pasaje del Comercio, Pontón, Tinte, Marqués de Linares, San Juan de Dios, Plaza de San Francisco.

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Abrió la marcha un piquete de la Guardia Civil a caballo; la escuadra y banda de cornetas del Regimiento de Húsares de la Princesa, a caballo; la Entrada en Jerusalén, la Santa Cena Sacramental, la Oración del Huerto, Jesús del Rescate, soldados romanos de San Francisco, Jesús de la Humildad, de la Columna, de la Sentencia, Jesús Nazareno, la Expiración, la Cruz Roja, el Descendimiento del Señor, los soldados romanos de Santa María, y el Santo Entierro. El desfile finalizaba con la Banda de Música. Lamentablemente, la guerra civil frustró los ambiciosos proyectos que se estaban gestando.

Pero de nuevo, tras la contienda, hay un resurgir para captar al pueblo y para devolverle su sentido. Se reorganizan casi todas las cofradías, hay una incipiente Unión de Cofradías que más tarde se constituirá en Agrupación. El pueblo asistía más como espectáculo y sagas familiares se hicieron cargo de las cofradías. La participación era distinta a como había sido en etapas anteriores. Lentamente volvieron a caer en el ostracismo. Afortunadamente, Linares recuperó el pulso en las décadas de los setenta y ochenta. De nuevo el movimiento cofrade tomó auge. Con diálogo, abiertos a sugerencias, con más atención las cofradías linarenses comenzaron una singladura difícil.

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La Semana Santa de Linares experimenta en los los años 90 un realce, que la coloca entre las más atractivas de la comunidad autónoma; esto se debe al esfuerzo de las diferentes hermandades y al trabajo de los cofrades que la integran, con un empuje que ha servido para que nuestra ciudad se siga conociendo fuera del entorno local por muchos motivos. La juventud linarense se ha volcado con su Semana Santa de una forma inimaginable hace treinta años. Se ha conseguido equilibrar el fervor popular con el atractivo que supone la salida de cada paso por nuestras calles, dándose por lo tanto el complemento perfecto entre devoción y vistosidad, que acercan cada vez más a la población el sentir de una Semana Santa.

Año tras año, vamos viendo cómo superamos con creces las metas señaladas, y hacemos alarde de buen gusto, amor profundo hacia nuestras imágenes, y presentación dignísima de nuestras procesiones. Algunas tradiciones y costumbres se han perdido, pero otras han resurgido o se mantienen, como demuestran los alrededor de 1500 jóvenes que portan los pasos, y otros 1500 jóvenes aproximadamente que forman nuestras características bandas de música. A principios de octubre de 1997, el Partido Andalucista linarense, apoyado por la Agrupación de Cofradías, propuso la aceptación de la Semana Santa de Linares como actividad de interés turístico nacional.

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Nadie recuerda en la ciudad una Semana Santa tan esperada y deslucida como la de 1998. La climatología fue nefasta y pocas cofradías hicieron su estación de penitencia con total y absoluta tranquilidad. La lluvia obligó a la Santa Cena a procesionar el Martes Santo. Rescate, Prendimiento y Columna fueron alcanzadas por una tromba de agua que produjo cuantiosos dañoos en imágenes, enseres y túnicas. El Nazareno acortó, sabiamente, su recorrido, regresando al templo sin llegar al Paseo de Linarejos, y encerrándose entre una ligera llovizna que después se tornó chubasco. El granizo recibió al Cristo de la Expiración, por lo que su Junta Directiva decidió suspender la procesión. Acertada decisión, porque momentos después hubo otra espectacular granizada que hubiera perjudicado gravemente imágenes y pasos.

Linares es una ciudad cosmopolita y abierta, influida por la riqueza cultural y cofrade de toda España. Los hombres y mujeres llegados hasta el esplendor minero de Linares han dejado la huella indeleble de su amor cofrade. Linares ha configurado una Semana de Pasión mosaico de estilos, confluencia de escuelas artísticas y de tradiciones del sur y del norte de España, con imaginería andaluza, castellana y levantina. Prestigiosas gubias que han dejado lo mejor de su obra en Linares. La salida de los pasos o tronos, bien de misterio o dolorosas, entraña, la mayoría de las veces, enormes dificultades, bajo dinteles, puertas góticas estrechas, escalinatas y rampas… los costaleros llegan a arrodillarse y bajo la trabajadera, en el silencio, superan las apuradas pero hermosas salidas de las estaciones de penitencia de sus cofradías. Por ser la Semana Santa de Linares un mosaico de contrastes culturales, encontramos costaleros, costaleras, horquilleros de riguroso traje oscuro y horquilleros vestidos de túnica.

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Nuestra Semana Santa se compone de más de treinta pasos en los que se puede comprobar la belleza de su orfebrería, tallas, bordados, etc. Por este enclave geográfico confluyeron grandes imagineros de escuelas artísticas muy diferentes, como se ha seĄalado con anterioridad. Gracias a ello, podemos gozar de las auténticas obras de arte que estos artistas dejaron en nuestra ciudad, como las de Palma Burgos, Martínez Cerrillo, Gabino Amaya, Hernández León, Ortega Bru, Alvarez Duarte… De la imaginería castellano-leonesa hay que resaltar la figura de D. Victor de los Ríos (que murió el 13 de diciembre de 1996) con su Santa Cena “del Sur”, Jesús Nazareno, Descendimiento del Señor, Santo Entierro, Resurrección y Cristo de la Penitencia.

También encontramos en Linares hermosas imágenes de la Virgen, dolorosas procedentes de la gubia del andaluz D. Luis Alvarez Duarte. Suyas son obras como la Virgen de la Alegría, Paz, Dolores y Amargura. El sello mariano de este famoso imaginero sevillano ha marcado a las cofradías linarenses. Y como maestros reconocidos, Eduardo Espinosa, Cerrillo, de Luque, Garduño, Juan de Astorga, Gabino Amaya, Ajenjo y Francisco Palma. Es de destacar la intensa devoción existente en Andalucía por este tipo de imágenes. Esto se puede comprobar a la vista de los elegantes y espectaculares palios, símbolos de un extraordinario respeto.

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La solemnidad y brillantez de composiciones como “DLM”, “Primavera”, “Noche del Jueves Santo”, “Expiración”, “Aida”, “Ben-Hur”, “Miserere”, “Adagio”, “Madrugá”, “Nabuco” o la “Marcha Triunfal” son esperadas los días de la Pasión como auténtico sonido linarense. Grandes bandas musicales de cabecera con cientos de músicos que, penitentes bajo túnica, capa y caperuz, interpretan magistrales composiciones y marchas procesionales locales. Estas agrupaciones musicales de las hermandades han causado admiración a propios y extraĄos. Al hablar de los sonidos cofrades linarenses hay que referirse forzosamente a los tercios de trompeteros: penitentes que tocan unas largas trompetas con sonido bronco y desgarrado; tenemos trompeteros en Santa Cena (tercio de clarines), Nazareno (con tres estilos de toque: media, entera y floreada) y Expiración. También abundan las saetas con raíces locales, como la saeta por seguiriya rematá por martinete con sabor de taranta minera.

El Domingo de Ramos ya están preparados ciriales, cruces de guía, libros de reglas, estandartes, fiscales, diputados, incienso e incensarios, tronos, candelerías y candelabros, peanas y palios, jarrones y flores, cirios y hachones, mantillas, penitentes, costaleros y horquilleros, y gente cofrade. Entonces la Hermandad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (“La Borriquilla” popularmente) y Nuestra Señora de la Alegría abre las estaciones de penitencia desde la parroquia de San José. Linares de desborda de palmas y de ambiente festivo.

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Tarde de Domingo de Ramos. Linares acoge al grupo escultórico más grande y pesado de la Semana Santa. De Santa María sale la Santa Cena Sacramental que, por su espectacular dimensión, tiene un gran trono sostenido por la estructura de un vehículo de guerra. Nos encontramos ante una obra colosal donde Judas inspira tanto odio que, hace tiempo, un niño en arrebato de ira, clavó un punzón en un ojo de la imagen del apóstol traidor. La ciudad se congrega en la Lonja y observa la fuerza y destreza con que varios hombres manejan el inmenso trono. Finalmente vuelan palomas blancas en honor de Nuestra Señora de la Paz. Actualmente todo aquel que contempla el paso de la Santa Cena de Linares queda maravillado ante tanta perfección y armonía hecha arte. La banda de cabecera interpreta durante la procesión “Marcha Triunfal”.

El Lunes Santo por la tarde hace su estación de penitencia la Hermandad de Ntro. Padre Jesús en la Oración en el Huerto y Ntra. Sra. de Gracia. Los dos pasos son llevados por costaleros. La Lonja de Santa María, con aromas de Getsemaní, es un clamor popular para contemplar como por la gótica puerta de este templo salen los pasos de Jesús Orando y de Nuestra Señora. Finalizando la procesión, la popular “Cuesta de Santa María” se convierte en un hervidero de personas que esperan con ansiedad para ver como los dos pasos, marcha tras marcha, suben hasta el templo.

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Ntro. Padre Jesús de la Humildad es un giro emocional en la forma de vivir la Pasión. La del Martes Santo, es noche de silencio. No hay bandas. Los penitentes vestidos de negro y fajín de esparto guardan rigurosamente las reglas de esta
Hermandad. Sólo se oyen los golpes del bastón de mando del Diputado de Tramo y el popular muñidor. La imagen consigue dejar impresas sus llagas en las retinas de los linarenses apiñados en las calles de la vieja Villa.

El Miércoles Santo Linares vive un permanente Vía Crucis. Desde la parroquia de San José procesiona la
Hermandad de las Siete Palabras (popularmente conocida como “Los Estudiantes”). Se trata de los primeros pasos de una renovada hermandad que trata de recuperar el viejo espíritu cofrade linarense, evolucionando desde un concepto de sencillez y sobriedad, y tratando de homogeneizar con el conjunto y estilo de la actual Semana Santa
linarense, al mismo tiempo que se conserva la identidad e idiosincrasia de la Cofradía.

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Esa misma noche se realiza el Via Crucis de la Juventud, donde alrededor de 1000 penitentes vestidos con túnica de saco portan una cruz ruda de madera muy pesada. Las dos largas filas se arrodillan en cada estación y rezan al Cristo de la Misericordia. Este Vía Crucis va rodeado de un completo silencio, que es guardado por los penitentes que forman parte del cortejo y por la gran cantidad de linarenses que se reúnen en masa para verlo y acompaĄarlo. Es una de las manifestaciones donde más se puede apreciar el carácter penitencial de la Semana Santa.

La mañana del Jueves Santo, día grande en Linares, es abierta por el concierto de la Agrupación Musical de Hermandades en la Lonja de Santa María, donde se interpretan marchas procesionales (nuevas composiciones junto a las
populares y conocidas). Por la tarde los penitentes vestidos con túnicas capuchinas y escapulario trinitario salen en la Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Rescate y Ntra. Sra. de los Dolores. Esta Hermandad cuenta con una de las grandes bandas de cabecera. Durante la estación de penitencia resulta impresionante y emotiva la interpretación de “Expiración”.

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Desde la iglesia salesiana de San Agustín, de donde salen los costaleros orando de rodillas, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento y Nuestra Señora del Rosario hace su estación de penitencia entre el clamor popular. La Virgen es muy querida y a su paso por la calle Rosario, y por Tribuna, una lluvia de pétalos y flores cae de balcones y terrazas.

Cuando el Jueves Santo se aproxima a la madrugada, Jesús atado a la Columna y la Virgen de la Amargura es la Hermandad que está procesionando. Los costaleros de los dos pasos se encuentran en la calle El Pilar (en el casco antiguo) donde tienen su casa-convento las Hermanas de Sor Angela de la Cruz que le cantan a los pasos. Esta Cofradía es uno de los máximos exponentes de los grandes esfuerzos de reorganización cofrade en Linares.

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Madrugada del Viernes Santo: Linares expresa toda su fuerza cofrade. La imagen m s popular de esta ciudad, Nuestro Padre Jesús Nazareno, es esperada por todos los linarenses. La Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y María Santísima del Mayor Dolor hace estación de penitencia en medio de la fervorosa multitud. Cuando se aproximan las cuatro de la madrugada llegan los trompeteros, sube la Banda del Nazareno en solemne pasacalles a los acordes de “Aida”, y entonces el hermano y capataz Luis Rayo llama a la puerta de San Francisco:”¡­Abrid a Nuestro Nazareno!”, y en ese momento comienza la procesión de más penitentes, la más larga, la de más horas en la calle (ha tenido el record
nacional de duración) y en su caminar por Linares tres veces da la bendición. Entonces estalla el alma minera y saetera
de Linares: se cantan cientos de saetas a su paso por las calles de Linares. Saetas originales de esta tierra: saeta por seguiriyas rematás con martinete.

Cristo regresa sobre las tres de la tarde al templo y se dispone a morir en el Gólgota de Linares. Es la hora de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Expiración y Ntra. Sra. de la Esperanza. Los tronos son llevados por horquilleros de andar firme y sereno, el tercio de trompeteros saluda a las imágenes; en la calle Marqués, la muchedumbre mira ensimismada cómo el trono de Nuestra Señora corre calle arriba hasta colocarse frente al trono de Cristo, y en el momento cumbre, este último es levantado a pulso. Nos estamos refiriendo a la Ceremonia de la Expiración. Y luego, durante la procesión, la Agrupación Musical del Santísimo Cristo de la Expiración interpreta majestuosamente “Nabuco”.

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Desde Santa Bárbara, la Hermandad del Descendimiento del Señor y María Santísima de las Penas baja con muchas mujeres de esta tierra que visten de negro con mantilla y cirial. Hermosa estampa cofrade con horquilleros de túnica bajo la Virgen, de sobrio estilo castellano. Esta cofradía tiene una marcha especialmente significativa: “Pena Callada”. La contemplación de la múltiple talla nos enseña a meditar y nos ofrece un preciado regalo a los sentidos difícil de superar. Al presenciar en silencio el Descendimiento del Señor por las calles de Linares, es difícil no contagiarse
ante la vivencia de la escena.

Luto y silencio. La Hermandad del Santo Entierro, Ntra. Sra. de las Angustias y Ntra. Sra. de la Soledad procesionan mientras suenan constantemente tambores de pellejo con una misma cadencia, pronunciando “Santo Sepulcro”. Y cuando todo parece consumado la Virgen de la Soledad vuelve a la calle con el manto recogido, sin corona, y sóla. Cientos de linarenses intentan aliviar esta Soledad acompañándola durante todo el trayecto.

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La noche del Viernes Santo en la Estación de Linares-Baeza, el antiguo Jesús Nazareno de Linares y la Virgen de los Dolores recorren las calles junto al nudo ferroviario que une Andalucía baja con Andalucía oriental y el norte con el sur.

En la mañaana del Domingo de Resurrección, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en la Resurrección y Nuestra Señora del Amor Hermoso pone la gloria y el júbilo en Linares cuando inicia su recorrido triunfal.
Dos veteranas cuadrillas de costaleros portan a Jesús acompañado de ángeles y a su Madre. Fin de la Semana Santa y momento para meditar sobre cómo la historia, la tradición, el arte y la fe, han configurado una de las semanas más gloriosas de
Linares.

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