Capilla de la Expiración – 2001 – Linares

El fotógrafo seguía siendo igual de malo, pero la mejoría con el cambio de cámara era notoria y sustancial. Ya no importaba la oscuridad, gracias al flash, y la nitidez era casi exquisita en comparación con las fotos de mi primera época. La única limitación en cuanto al número de disparos era la capacidad de almacenamiento de las memorias que me pudiera permitir y además, en cuanto hacía la foto la podía contemplar para ver el resultado.

Esta cámara despejó todas mis dudas de las posibilidades de la fotografía digital y fue la que, realmente, me animó a intentar seguir mejorando en todos los aspectos como fotógrafo aficionado y como cofrade. Más adelante, vendrán otros desencantos, pero estos llegan cuando uno va aprendiendo por la propia experiencia y por sí mismo, y nos damos cuenta de que no es oro todo lo que reluce. En estas fotos se nota el flashazo (valga el término para explicar la demasiada potencia de la luz del flash…), pero sigo recordando a los lectores que sigo sin tener idea de concepto alguno sobre la fotografía. Esta cámara, por supuesto, sacará fotos muy movidas, oscuras, con ruido… pero poco a poco. De momento, disfrutad de esta galería como yo la disfruté cuando la hice allá por el año 2001.

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